Me lo contaron.. o lo he vivido?

Hay cosas que sabemos porque alguien nos las ha contado, pero a veces de repetirlas y de analizarlas llegamos a la duda de si lo hemos vivido o si es una historia extraña que se nos ha colado en la memoria y ya forma parte de nosotros, sin saber si es ficción o realidad, o tal vez es que nos atrae y desearíamos haber sido los actores.

Sucedió hace años, y fue real, más o menos asi:

Ana y Fernando son dos compañeros de trabajo, miembros de un grupo de 6 ó 7 personas en la misma oficina. Fernando es el jefe del grupo, un grupo bastante bien avenido en el que sin embargo hay al menos un componente que se destaca por ser más arisco y menos participativo. Pero no es importante para lo que nos ocupa.

En el quehacer diario, y en un momento de gran actividad y con mucha carga de trabajo, las jornadas se prolongan más allá del horario teóricamente establecido, aunque se ha generalizado el hacer horas adicionales. El ambiente es bueno, aunque se producen las discusiones normales por discrepancias en opiniones, pero siempre dentro de la cordialidad.


La relación de Ana con Fernando y el resto de compañeros es correcta. Ella está casada, al igual que Fernando y ambos tienen cada uno un hijo. Sus respectivos cónyuges también trabajan, pero en otras actividades.


Después de haber disfrutado de un par de semanas de vacaciones, Ana regresa a la oficina y en un momento determinado le dice a Fernando que durante esa ausencia de la oficina ha echado en falta el movimiento habitual y no solo eso, insinúa que también ha sentido su ausencia e incluso ha llegado a tener sueños en los que él aparecía. Sueños, por otra parte, con cierta carga erótica. Fernando se sorprende, ya que en ningún momento cree haber dado pié a nada que justifique esos sueños, pero queda intrigado. En días sucesivos, aprovechando algún momento de descanso en el trabajo, vuelve a sacar el comentario y Ana confiesa que esos pensamientos se han repetido ya de vuelta en su ciudad. Y como consecuencia de ello, Fernando empieza a ver también de forma diferente a su compañera y comienzan a charlar de forma más personal, hasta llegar a que casi sin pretenderlo o sin programarlo asi, las jornadas de trabajo siguen alargándose y al final de las mismas solo ellos dos quedan en la oficina. Pasa a ser habitual que Fernando acompañe a Ana a su casa, y se van estableciendo lazos de mayor familiaridad entre ellos.

Con el paseo de las semanas, la cosa evoluciona hacia roces, miradas cómplices, incluso provocaciones mediante miradas sugerentes y el acompañamiento del final de jornada pasa a ser un rato de distensión, paseando en el coche y en ocasiones también en descansos relajantes y relajados en algún aparcamiento discreto. Todo ello mientras en sus respectivos domicilios se justifica el llegar más tarde a casa debido a que hay mucho trabajo, que se hacen numerosas reuniones, etc.

Y lo que empezó siendo algo aparentemente sin recorrido, toma cuerpo y en los dos se va creando una necesidad de llegar a más, de pensar en que no es simplemente un juego y en tratar de descubrir hasta qué punto ese deseo tiene fondo y futuro. De modo que ambos, cada uno por su lado y sin comentarlo con el otro van pensando en la forma de encontrar una oportunidad de verificar hasta qué punto se necesitan y de tener sexo real, ya que hasta entonces no han pasado de abrazos, caricias, algunos besos y nada más. Y la ocasión surge con motivo de una conferencia que un conocido empresario va a dar en una localidad próxima a donde ellos viven y trabajan. Aprovechando esa circunstancia, organizan un viaje para asistir a la conferencia, buscando además como cobertura el acompañamiento, aunque por separado, de otros miembros del equipo.

De modo que se desplazan una tarde a esa otra localidad y asisten a la charla del conferenciante. La sala está abarrotada y cuando llegan ya no tienen lugar donde sentarse. Tras escuchar un rato la conferencia en pié, entremezclados con el gentío que rebosa la sala, deciden que la charla era el recurso que servía de justificación, pero que lo que realmente desean es estar juntos, solos y además en un lugar tranquilo. Se van al coche, empiezan a dar vueltas por la localidad buscando algún sitio apartado y tranquilo y no lo encuentran, por lo que deciden tomar la ruta de regreso a su lugar de origen hasta localizar una zona de descanso donde pueden aparcar sin ser molestados. Y allí definitivamente se dejan llevar por el deseo y se entregan uno al otro para dar rienda suelta a lo que el cuerpo les pide. No disponen de demasiado tiempo, ya que se ha hecho tarde, pero el que tienen lo aprovechan con creces. Y tras desfogarse, regresan cada uno a su casa comentando lo interesante de la conferencia y del conferenciante.

A partir de ese día, la relación en el trabajo sigue siendo aparentemente la misma de antes, aunque ya los encuentros de final de jornada son más afectivos, aunque siempre limitados por la disponibilidad de tiempo y de espacio. Pero cada uno en su fuero interno empieza a pensar que esa relación puede tener futuro y ambos llegan a cuestionarse sus matrimonios. Sin hacer planes concretos, durante varios meses la cosa se mantiene en ese estado y hasta en una ocasión usan su disponibilidad del horario de comida para justificar la ausencia a comer en sus casas aduciendo una comida de trabajo y reunión posterior y en lugar de ello repiten su sesión amorosa en una habitación de hotel. Dado que ambos matrimonios se conocen, también en alguna oportunidad organizan una salida juntas las dos parejas, para cenar y tomar unas copas como lo más natural entre compañeros de trabajo bien avenidos.

Pero finalmente uno y otra se dan cuenta de que no tiene sentido prolongar indefinidamente esa situación que les está generando tensiones a nivel familiar e incluso a nivel laboral y poco a poco se va diluyendo la atracción y encuentran la forma de terminar con esa relación al cambiar Fernando de puesto de trabajo y marchar a otra oficina dentro de la misma empresa. Mantienen, eso sí contactos telefónicos que van reduciéndose con el paso del tiempo, hasta que también Ana termina trasladándose a otra ciudad por motivos de trabajo.

Pasados los años, se pierden la pista y el contacto, manteniendo el grato recuerdo de aquellos meses y continuando con sus vidas familiares y laborales por separado. Y transcurridos ya más de 20 años de aquella etapa, un día de forma casual coinciden telefónicamente sin quererlo y se cuentan como les va la vida, sin rememorar para nada de forma explícita aquellos episodios, pero sin olvidarlos tampoco. Hoy, cada uno por su lado, viven de forma tranquila.

Creado el 3 de marzo de 2017. Actualizado el 30 de marzo de 2018.

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